Semana Santa

La Semana Santa. ¡Qué días de recogimiento y amor se viven con la Pasión de Jesús! Pero por desgracia también esta seriedad se va perdiendo poco a poco, como ocurre en la mayoría de España.

El martes ya era día de movimiento. Se montaba el Monumento, muchos chicos acudíamos para ayudar, ya que había que sacar todas las tablas que luego montadas darían ese espectáculo dignísimo de ver, todo iluminado y las mujeres velando arrodilladas el ultimo momento de Jesús.
Por cierto, que ya el año pasado (1966) la parte alta del monumento no había sido colocada, yo pensé que como Mosén Bienvenido ya se va haciendo mayor, y quizás no hubiera habido alguna persona mayor para poder montarlo y la parte alta era un poco difícil, se optaría sólo por la baja.
El Jueves Santo, antaño, era quizás el día mas solemne. A las cuatro de la tarde empezaba el Sermón del Lavatorio, y una vez acabado este oficio se visitaba el Padre Eterno, instalado en una peana en el Hospital, para por la tarde sacarlo en la procesión; en dicho lugar entregaban a todos los visitantes un ramo de sabina o ciprés. Luego se entraba unas cuantas veces a la iglesia.
Para los pequeños su mejor rato, era cuando con una carraca o matraca entraban en la Iglesia a “matar a los judios”, pues para las mentes infantiles, aquellos dos grandes soldados romanos con una lanza en la mano, se imaginaban ser los judios causantes de la muerte de Cristo.
Por la tarde, ya al anochecer, salía la Procesión. Al costado de la Iglesia se integraban a la misma el Padre Eterno, único paso que había en la Procesión y tres encapuchados con una cruz y una cadena.
Los niños pequeños al ver a tres hombres vestidos de negro y tapados con la capucha, les resultaba un poco molesto y corrían a refugiarse con sus madres; los había más atrevidos que se unían a ellos pero no siempre les salía bien, pues los encapuchados a veces les hacían correr.
La Procesión discurría por todo el pueblo, ya que abarcaba un cinturón, que saliendo de la iglesia seguía calle Real Baja, para subir por Santa Catalina, calle Barranco ( hoy Avda. de la Virgen de la Sierra), Santa Maria, para bajar por calle Real Alta, para llegar a la Iglesia.

A la salida todos los chicos nos reuníamos en la parte trasera de la Iglesia a esperar a los encapuchados, hasta el Hospital, pues siempre nos hacían correr un poco, bien por que algunos les pisaba las cadenas o por que les decían alguna cosa.
Referente a los Encapuchados, había una costumbre, que creo, aunque no estoy seguro, que todavía continua, era que para salir de encapuchado, había que solicitarlo con tres o cuatro años de anticipación, y lo curioso era que nadie se enteraba , hasta que eran reconocidos a pesar de la capucha.

Pues bien, estos jóvenes, una vez terminada la Procesión debían de subir al Santuario de la Virgen de la Sierra- cargados con la cruz y la cadena, donde el Santero les esperaba con unas buenas fuentes de arroz con leche y pastas y a las seis de la mañana debían estar de vuelta para oír el Sermón de la Bofetada.
Para mi, el levantarme a las cinco y media de la mañana y dar dos vueltas al pueblo con la gran matraca, y asistir después al Sermón y recorrer el último Vía Crucis, era algo como si sintiera una gran satisfacción por todo mi ser.

El Viernes Santo, ya era distinto, más alegre, se desmontaba el Monumento, volviendo a guardarlo para el próximo año. Después se preparaban las peanas para la procesión de la tarde. Había tres pasos, SAN JUAN, LA MAGDALENA y LA SOLEDAD, eran las imágenes que en este día de Viernes Santo, daban mayor interés a la Procesión.
Algunos años se sacaba al Santo Cristo del Consuelo, pero debido a su gran tamaño y su difícil equilibrio al transportarlo y también por la estrechez de algunas calles, desde hace algunos años tampoco figura en la procesión.

Una vez terminada la procesión con la iglesia repleta de gente, ya que durante el resto del año pocas veces se llena como este día, empezaba el sermón dedicado a la Dolorosa, y que nuestro querido párroco Mosén Bienvenido, ponía todo su sentimiento, en este sermón que año tras año perdura en este día de Viernes Santo.

El Domingo de Pascua todo era alegría y jolgorio desde las primeras horas de la mañana. ¡Cristo había resucitado!. También en este Domingo hay una pequeña procesión, que subiendo a Santa Maria, donde se preparaba un pequeño altar en una mesita, para hacer una pequeña parada, para luego bajar por Real Alta, donde en la plaza hacían su encuentro la Virgen con Jesús. Se continuaba por la calle Real Alta, y dar la vuelta a la iglesia. Y así terminaba la Semana Santa.

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